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Derechos no humanos

Sala 703

En 2008, Ecuador incorpora en su constitución a la naturaleza como sujeto de derecho. Más allá de su mayor o menor eficacia como instrumento de gestión, emanaba desde América Latina la respuesta más radical frente al Antropoceno. Se reivindica allí la concepción integral y no binaria entre lo humano y lo no humano que sostienen los pueblos indígenas. Esta concepción no sólo se opone a la definición objetualista de “recurso natural” de la explotación capitalista, sino que también supera la mera preservación ecologista del “medio ambiente”.

Imaginario extractivismos, 2019 / Imaginario desierto, 2019 / Imaginario mutante, 2019 / Imaginario ecocuerpos, 2019 / Imaginario flotante, 2019 / Imaginario solar, 2019 / Imaginario pantano, 2019 / Imaginario incierto, 2019 / Imaginario antropoceno, 2019
Casa Río Lab

Imaginario extractivismos, 2019

Imaginario desierto, 2019

Imaginario mutante, 2019

Imaginario ecocuerpos, 2019

Imaginario flotante, 2019

Imaginario solar, 2019

Imaginario pantano, 2019

Imaginario incierto, 2019

Imaginario antropoceno, 2019

Ley de humedales ya, 2019

10 afiches de 75 x 50 cm
 


Casa Río Lab  

 

Durante la década del 90, la desregulación y privatización de la vida pública trajo como consecuencia el desmantelamiento de la vieja infraestructura “nacional" que tutelaba los territorios. La reconversión del complejo agroexportador por la soja transgénica y la Hidrovía implicó un profundo proceso de reconfiguración territorial de la Cuenca del Plata. En este escenario de retiro del Estado e impulso de iniciativas de infraestructura de gran escala como IIRSA, comienza el redescubrimiento de los "soportes de vida” que sostenían a esos territorios. “¿Quién diseña los territorios?” es la pregunta que desde entonces ha formulado Alejandro Meitin. A principios de los 90, organizaciones ecologistas comienzan a vislumbrar la necesidad de pensar en una política ambiental sostenida por redes autónomas más que por gobiernos. Es allí cuando surge Ala Plástica en la ciudad de La Plata. Conformado por Alejandro Meitin (de formación abogado), Silvina Babich y Rafael Santos, AP comenzó como un grupo multidisciplinario con enfoque en la práctica artística como formato de investigación; este modo de práctica estaba motivado por su propia condición de habitantes de Punta Lara, un territorio en permanente crisis ambiental. Utilizando el discurso del modo participativo del arte contemporáneo y la expansión rizomática de los territorios, investigaron allí durante años –con la colaboración de Magdalena Catoggio– la dinámica de producción costera de objetos de mimbre, incluyendo sus técnicas de cultivo, cosecha y tramado artesanal. Ala Plástica retoma la iniciativa bio-regional llevando a cabo el relevamiento de los daños ambientales causados por el derrame de petróleo que ocurrió en 1999, próximo al balneario del municipio de Magdalena. Sus informes constituyeron la principal evidencia en el juicio público contra la empresa Shell, oficiando como perito técnico no-gubernamental, y anticipando una forma de activismo que más tarde veríamos en la Arquitectura Forense de Eyal Weizman. 

 

Luego de la disolución de Ala Plástica en 2016, Alejandro Meitin funda, en su hogar de Villa del Plata, Casa Río, un “laboratorio del poder hacer” donde despliega un nuevo programa de investigación sobre la Cuenca del Plata, basado en una larga colaboración teórica con Brian Holmes, en particular con la muestra La Tierra (no) resistirá, que indaga sobre los alcances del Antropoceno en las cuencas hídricas de los subcontinentes americanos. A diferencia de proyectos anteriores donde cobraban mayor relevancia los procesos asamblearios y la vida de la comunidad, en esta instancia se visibilizan también conflictos geopolíticos a escala regional; esto implica el recurso de la cartografía colaborativa para dar cuenta de proyectos infraestructurales, controversias de la explotación del suelo y demarcaciones de sistemas hídricos. Hoy Casa Río es un activo participante en la campaña que busca la aprobación de la Ley de Humedales, vector político que encolumna a las mayores organizaciones ambientales de la Cuenca del Plata frente a la creciente destrucción de ecosistemas por incendios intencionales en diversas áreas del Paraná, a manos del agronegocio en complicidad con la ganadería y el desarrollo inmobiliario.


Por m7red
Delta, territorios de colaboración, 2019 / Territorios de colaboración, desde 2018
Casa Río Lab

Delta, territorios de colaboración, 2019
Afiche, 35 x 50 cm

Un vasto reguero de imaginarios se esparce sobre el Delta del Paraná: distintas corrientes arrastran desde las imágenes de los guaraníes –con su celebración del jaguar y el pájaro– hasta las evocaciones en las notas del alemán Ulrico Schmidl y los adelantados europeos. De las aguas emergen también las imágenes de una tierra encantada según Marcos Sastre, el Carapachay de Sarmientino, los universos de Conti, Saer, Walsh, Duizeide y Cabezón Cámara, entre otrxs. 

 

En los últimos años, surgen también las marcas del avasallamiento que encuentra su justificación en el mundo de promesas del extractivismo forestal, sojero y ganadero. Imaginarios que se van asentando sobre el poder poético del territorio y las ecologías. En este punto, las tareas de recuperación de las voces del humedal contradicen con fuerza aquellas que ven este territorio mutante y acuosos como un espacio carente de valor porque secretamente ambicionan transformarlo en una extensión sin límites de la pampa agroindustrial. 

 

Así, de los surcos serpenteantes de las resistencias aparecen nuevos motivos de inspiración que dialogan tanto con las historias negadas como con la naturaleza mutante y flexible de las formas de vida que hacen posible la diversidad. 

 

Autor Alejandro Meitin (Casa Río Lab) Impreso en MagiaNegra Letterpress


Territorios de colaboración, desde 2018
Mapa interactivo. Registro en video de modos de uso, 7’ 52”

El mapa interactivo surge como parte de la investigación Territorios de colaboración. Pedagogías de lo anegado a partir del trabajo de los artistas Alejandro Meitin y Brian Holmes –junto a un grupo de informáticos– con el objetivo de crear una plataforma colaborativa de mapeo del delta del Paraná. El dispositivo permite que distintas personas y organizaciones sumen contenidos al sitio construyendo así una percepción cartográfica colectiva. La propuesta entiende que existen múltiples formas de identificación sistemática de información territorial en los distintos procesos de organización de las comunidades (micro-experiencias, proyectos en funcionamiento, producciones sustentables, flujos de ideas, creaciones artísticas, luchas sociales, prácticas soberanas, etc.) que pueden ser potenciados a partir de la utilización del mapa y a la vez expandirse en un proceso de integración territorial.

 

Los datos reunidos permiten observar el carácter situado de las miradas comunitarias frente a las formas tradicionales de representación del Estado, el turismo, la ciencia y las empresas. Convalidando la apuesta del proyecto que pretende transformar los imaginarios dominantes haciendo visibles las múltiples actividades que sostienen la red de la vida y fortaleciendo miradas socio-ecológicas frente a las unilaterales concepciones tecno-políticas.

 

¿Querés participar en la construcción de este mapa? Es muy sencillo.

Ingresá a https://mapa.casarioarteyambiente.org/ 

Presioná el botón AÑADIR PUNTO y mové el cursor hacia el sitio de interés.

Una vez ubicado en el punto, reportá sobre un tema que esté dentro de las 4 categorías que aparecen:

Observación

Amenazas / Conflictos

Experiencias Sustentables

Horizontes / Potencialidades

 

Colaborando y compartiendo información, vamos a crear una nueva cartografía del Delta elaborada por las personas que viven, sienten y conocen su lugar.


Casa Río Lab  

 

Durante la década del 90, la desregulación y privatización de la vida pública trajo como consecuencia el desmantelamiento de la vieja infraestructura “nacional" que tutelaba los territorios. La reconversión del complejo agroexportador por la soja transgénica y la Hidrovía implicó un profundo proceso de reconfiguración territorial de la Cuenca del Plata. En este escenario de retiro del Estado e impulso de iniciativas de infraestructura de gran escala como IIRSA, comienza el redescubrimiento de los "soportes de vida” que sostenían a esos territorios. “¿Quién diseña los territorios?” es la pregunta que desde entonces ha formulado Alejandro Meitin. A principios de los 90, organizaciones ecologistas comienzan a vislumbrar la necesidad de pensar en una política ambiental sostenida por redes autónomas más que por gobiernos. Es allí cuando surge Ala Plástica en la ciudad de La Plata. Conformado por Alejandro Meitin (de formación abogado), Silvina Babich y Rafael Santos, AP comenzó como un grupo multidisciplinario con enfoque en la práctica artística como formato de investigación; este modo de práctica estaba motivado por su propia condición de habitantes de Punta Lara, un territorio en permanente crisis ambiental. Utilizando el discurso del modo participativo del arte contemporáneo y la expansión rizomática de los territorios, investigaron allí durante años –con la colaboración de Magdalena Catoggio– la dinámica de producción costera de objetos de mimbre, incluyendo sus técnicas de cultivo, cosecha y tramado artesanal. Ala Plástica retoma la iniciativa bio-regional llevando a cabo el relevamiento de los daños ambientales causados por el derrame de petróleo que ocurrió en 1999, próximo al balneario del municipio de Magdalena. Sus informes constituyeron la principal evidencia en el juicio público contra la empresa Shell, oficiando como perito técnico no-gubernamental, y anticipando una forma de activismo que más tarde veríamos en la Arquitectura Forense de Eyal Weizman. 

 

Luego de la disolución de Ala Plástica en 2016, Alejandro Meitin funda, en su hogar de Villa del Plata, Casa Río, un “laboratorio del poder hacer” donde despliega un nuevo programa de investigación sobre la Cuenca del Plata, basado en una larga colaboración teórica con Brian Holmes, en particular con la muestra La Tierra (no) resistirá, que indaga sobre los alcances del Antropoceno en las cuencas hídricas de los subcontinentes americanos. A diferencia de proyectos anteriores donde cobraban mayor relevancia los procesos asamblearios y la vida de la comunidad, en esta instancia se visibilizan también conflictos geopolíticos a escala regional; esto implica el recurso de la cartografía colaborativa para dar cuenta de proyectos infraestructurales, controversias de la explotación del suelo y demarcaciones de sistemas hídricos. Hoy Casa Río es un activo participante en la campaña que busca la aprobación de la Ley de Humedales, vector político que encolumna a las mayores organizaciones ambientales de la Cuenca del Plata frente a la creciente destrucción de ecosistemas por incendios intencionales en diversas áreas del Paraná, a manos del agronegocio en complicidad con la ganadería y el desarrollo inmobiliario.


Por m7red
Asamblea de humanos y no humanos, 2007
m7red, Julián D'Angiolillo

Asamblea de humanos y no humanos, 2007
Investigación, conversación y video, 14’ 30”


m7red y Julián D’Angiolillo 

 

m7red es un grupo de investigación y activismo independiente enfocado en la descripción y traducción colectiva de escenarios urbanos complejos. Mauricio Corbalán y Pío Torroja comenzaron a trabajar en Buenos Aires en el 2005. 

“La creciente complejidad de las situaciones ecológicas y socio-técnicas en las que estamos inmersos implican niveles de incertidumbre que provocan conflictos y controversias; las distinciones radicales entre humanos y no humanos, entre expertos y no expertos, que alguna vez estabilizaron y marginaron aquellas incertidumbres y conflictos, son cada vez menos operativas. Necesitamos producir condiciones para poder describir y articular estos mundos heterogéneos. Nuestra práctica intenta de/construir estas controversias generando redes de traducción entre actores involucrados en situaciones complejas.”

Cuando una cuenca tripartita aloja una controversia que llega a la Corte Suprema de Justicia su condición de campo de batalla ecológico y político se vuelve evidente. Actores humanos y no humanos (aguas negras, poblaciones precarias, agencias gubernamentales, industrias contaminantes, técnicos, residuos, etc.) constituyen aquí una suerte de teatro urbano, de asamblea sin paredes, en donde humanos y no humanos pudieran tener algo que decir en una controversia pública. m7red diseñó, en sus propias palabras, un dispositivo escénico compuesto por una mesa con seis expertos de diversas áreas y una “voz” artificial que los interpelaba. El objetivo del dispositivo era hacer aparecer, colectivamente, a un actor privilegiado en este escenario: la «mierda urbana» de la cuenca. 

m7red propone ubicar el Riachuelo en el centro de una controversia. Eso supone designarlo como escenario de litigio y desacuerdo en el que los conocimientos técnicos y científicos no sólo no son capaces de reducir las dudas, sino que las amplifican. Pero también teatralizan la otra cara de lo controversial, la lucha por su representatividad, por constituirse –alguno de los actores– en su portavoz: desenmascaran el desacuerdo sobre la capacidad de un actor de hablar y decidir en nombre de otro(s). En esta asamblea de humanos y no humanos en la cuenca del Matanza Riachuelo se despliega una política que, al incluir las “cosas” en su “parlamento”, ensancha el mundo de lo común. 


Por Daniela Gutiérrez
Sandra, 2014
m7red, Forensic Architecture

Sandra, 2014
Investigación, entrevistas, campo, video color, sonido estéreo, 13' 25"

En colaboración con (FIBGAR), Baltasár Garzon


m7red y Forensic Architecture

 

m7red se define como un espacio de investigación y activismo que busca describir y traducir de forma colectiva “escenarios urbanos complejos”. Surgido en 2005 como una iniciativa de Mauricio Corbalán y Pío Torroja (ambos estudiaron en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires), tiene como objetivo pensar las condiciones de posibilidad de articulación y redistribución de la potencia de actuar entre las entidades que pueblan los diversos mundos dentro de este mundo. Especialmente interesado en la traducción entre actores heterogéneos dentro de lo que podría llamarse (latourianamente) el gran Parlamento de las Cosas, el colectivo busca imaginar y establecer redes de diálogo en situaciones conflictivas o controversiales. Siempre a través de asociaciones postdisciplinarias con artistas, profesionales, científicos o miembros de determinadas comunidades, m7red ofrece una serie de investigaciones metodológicas para el ensamblaje de una conversación que adquiera la forma de una asamblea para la política que viene. 

Sandra persona (no) humana explora la arcana intermediación (im)posible ley/criatura. Por un lado, y mayoritariamente, compila una serie de discusiones legales en torno al histórico caso de la declaración como “persona no humana” a Sandra, la orangutana que vivió en cautiverio por veinte años en el Jardín Zoológico de Buenos Aires, lo cual le otorgaba el derecho básico a la vida, a la libertad y al respeto por sus necesidades comportamentales. Pero, a su vez, bajo estas discusiones que nos permiten vincular este caso con los debates en torno a la ampliación del círculo de derechos (o inmunitario) como respuesta posible a las múltiples derivas de la crisis antrópica, el fuera de campo entra en cuadro bajo un extraño signo de pregunta. Por unos instantes de impensable apertura hacia una política post-antropocéntrica inaudita, la imagen nos enfrenta con el gesto primate que cifra una inminencia. Un gesto brevísimo, una torcedura de boca en un rostro que apenas se asoma detrás de un improvisado refugio de cartón: el gesto que asume y soporta en su aparente inacción la más radical objeción que pueda hacerse a cualquier solución inmunitaria de ampliación de derechos. 


Por Colectiva Materia
Medium Noise, 2015
Paula Surraco

Medium Noise, 2015
Instalación sonora, 80 x 150 x 100 cm


Paula Surraco – (Ciudad de Buenos Aires, 1977) Vive y trabaja en Berlín, Alemania.

 

Piedras y sonido, restos y ruido. En una mesa, la artista multimedia Paula Surraco expone elementos fundamentales de la ciudad, unidades primeras, básicas. Aquello que, sin embargo, queda postergado cuando ese organismo complejo que es la ciudad –probablemente no haya otro más complejo que él–, en pos de hacer más eficaz su propio funcionamiento, expulsa todo pensamiento sobre él. También a sus espectros y a la melancolía que no sea sosa. Las piedras son restos de construcciones que, cuando se planificaron las autopistas que atraviesan el sur de la Ciudad de Buenos Aires, se decidió echar abajo. Ocurrió durante la última dictadura militar –se inauguraron en 1980– y se trató de una de las obras más ambiciosas de intervención sobre el entramado urbano, que recuerda que la dictadura no sólo fue represiva sino también altamente productiva. Produjo, entre otras tantas cosas, la posibilidad cierta de transitar la ciudad a alta velocidad, de unir en apenas minutos algunos de sus extremos. Ahorrando tiempos, maximizando ganancias. La dictadura y el neoliberalismo en su fundamental veta  moderna. Eso sí, no encontró otra manera de deshacerse de los restos que volcándolos en un margen de la ciudad, también en el sur, justo donde choca con el Río de la Plata. Un vertedero. El progreso precisa de sitios a los que destinar todo lo que entorpece su paso. La falla, llamémosla así, fue que el basurero quedó a la vista. En esos desperdicios, testigos no humanos, hurgó Paula Surraco para extraer piezas que, ya en la mesa y contra toda reconciliación fácil, no vuelven a escuchar voces humanas, ladridos de perros o incluso el motor de un auto. Los restos, fragmentos de la experiencia de una ciudad, de aquí en más escucharán incesantemente el ruido de la fuerza que los volvió tales. La autopista repica sobre ellos, sin final. Sin síntesis es la dialéctica que nos asalta desde esta mesa. La ciudad, obediente al desarrollo y a la velocidad, se automutila y recrea a favor del capital.


Por Javier Trímboli